viernes, 9 de diciembre de 2011

Cuzco, Koricancha

El viaje comenzó mucho tiempo antes.
La elección de los lugares sagrados en progresión fue, a la vez, intuida y programada. Siete sitios o peldaños que semejan la pirámide escalonada de la ascensión al punto de encuentro entre la Materia y el Espíritu. Ascención que involucra un nuevo descenso que rescata que rescata para iluminar ese otro aspecto del Uno olvidado de si mismo. Una materia que se vuelve Materia recuperando el origen en un paso evolutivo y decisivo.
El cuerpo y el alma también se prepararon desde antes y seguirán viajando en un después que se habita en los sueños, se reconoce en sensaciones y miradas nuevas, que habilita comprensiones que dibujan o colorean realidades que son, al mismo tiempo, las mismas y totalmente diferentes.
Cambios de vibración aprendidos se vuelven espontáneos ante los lugares cargados de presencias remotas y actuales. Desde el primer momento la sensación más fuerte es un bascular de tiempos. Pasado y futuro se alternan, se fusionan en un tiempo sin tiempo. El pasado remoto como fuente de futuro, donde lo anterior se vuelve meta, transformado. Arraigo y piso del salto evolutivo que anticipa la nueva especie.
La Tierra que deslumbra con belleza indómita, esplendor propio perfectamente integrado a la presencia humana que supo respetar.
La llegada a Cuzco. La altura impone sus condiciones. Hay que ralentar el movimiento. Y es bueno. Porque cambia la velocidad citadina de manera física. Colores, texturas, costumbres, cadencias. Las flores en balcones coloniales, los toritos en los techos, las polleras multicolores de las cholas. Comenzó el diálogo de las sensaciones con lugares nuevos. Otro modo de vivir.
A la tarde Koricancha. Las dos civilizaciones, la Inka y la española yuxtapuestas. Una sometiendo a la otra. La hispánica con su profusión de imágenes, dorados y barrocos en contraste con la piedra pulida y desnuda, abstracta, del Inka. En el centro del patio del convento, que es, al mismo tiempo, el centro del Cuzco, ombligo del mundo (QOSQO u ombligo es unión universal en quechua), el grupo se reúne por primera vez como pidiendo el auspicio para el viaje iniciático que propone esta diversidad en un propósito común.
Cae la tarde. Hace frio. Se encienden las luces que iluminan Koricancha rescatando las tradiciones hacia la modernidad.
Nuevamente el tiempo es sólo Presente.


Viaje a Machu-Pichu. Mayo 2011

Viaje a Machu-Pichu

Escrito por Graciela Cúneo.
Mayo 2011

Me voy a Machu Pichu. Viaje largamente soñado. Un lugar que me llama, de una manera silenciosa pero insistente. El nombrarlo, ver las fotos, oír hablar, suena de una manera especial para mi.

Son palabras-imágenes que tienen otro peso. Resuenan en el interior con ecos sutiles, con sabor a nostalgia. La nostalgia de lo desconocido, la del llamado.
Es el momento de partir. También hacia el interior. Eso es lo que propone Machu Pichu.

El viaje del sueño anhelado que va por rutas externas e internas desarrollando la aventura de lo por-venir.

Es tiempo de cambio. La sensación pulsa pero la ruta no está clara. O tal vez si pero falta la convicción. El cambio que se anuncia barre con muchas estructuras que vienen de tan lejos, que pesan en la mochila y uno se pregunta ¿habrá llegado el tiempo de ser tan diferente para seguir siéndome fiel?

Korikancha, Sacsayhuaman, Tihuanaco. nombres andinos que evocan culturas 
milenarias. Lugares sagrados de peregrinación interna. Recuerdos del futuro, son los nombres de la Tierra que llaman a la unidad del hombre con su naturaleza.

La impronta del pasado que se vuelve actual y abre espacios de un silencio sólido, habitable, de muchas dimensiones que espejan realidades. Múltiples.
La acción de caminar, la búsqueda del valle escondido donde anida la verdad.
Una verdad que tiene muchas caras y muchos llamados, donde la raíz se vuelve flor.

El inicio de un gran viaje. Introducción

27 de Marzo de 2011

El inicio de un gran viaje.

Una búsqueda que es puro encuentro desde hace años. Y siglos.

Esta fecha pasará a la Historia como un día en que se dio un paso importante. Algunos podrán pensar que es insignificante pero la verdad es que es gigante este paso. Y este día. Porque una persona que, desde hace muchos años y muchas vidas está caminando los senderos de este mundo, se anima y se permite salir del anonimato de su trabajo de cada día para externalizar, contar y transmitir sus experiencias. En otras palabras, nos sigue enseñando.
Es un lujo para todos nosotros poder tener acceso a este material que se irá enriqueciendo en la medida en que su autora y guía de muchas personas Graciela Cúneo lo vaya volcando. Es decir, nos lo vaya contando y compartiendo.
No es muy amiga de la exposición, pero es un rayo de luz en la vida de muchos. No le entusiasma mucho la idea del público, pero tiene sus seguidores fieles desde hace mucho tiempo. No le gustan las luces ni el estrellato, por eso creo que eligió el fuego de sus palabras para poder prender la llama de muchos que están saliendo de las sombras, de las garras del dolor y abandonando el territorio del sufrimiento.
Como madre es una persona impecable. Una madre ejemplar y una autoridad total en la transmisión de sus aprendizajes, no sólo de sus enseñanzas. Siempre sabe elegir, siempre decide seguir, siempre ha sido un ejemplo de crecimiento y de búsqueda. Y sus manos, junto a las de su compañero de ruta, han moldeado mi vida y la de mi hermano, molde que hoy compartimos con sus alumnos y casi fanáticos que la van a ver y visitar diariamente. Todos somos, en mayor o menor medida, seguidores de esos pasos, pies en esas huellas que va dejando.
Y ahora tendremos la posibilidad, única e inédita por ahora, de leer de su propio puño y teclado sus experiencias en directo. Sin intermediarios, sin relojes que estén apurando el fin de la hora. Estas enseñanzas tienen muchos siglos detrás, no son solamente palabras escritas por una persona que camina el sendero del mundo espiritual; son palabras, enseñanzas y aprendizajes, son verdaderos modales del mundo y la vida espiritual en esta realidad que vivimos todos los días.
Si tuviera que hablar de las virtudes de la autora de este nuevo espacio podría estar muchas hojas escribiendo y narrando; pero voy a sintetizarlo en pocas palabras: es una persona de la que aprendes, viéndola aprender todos los días. Es una persona, y sus alumnos compartirán esto conmigo, en la cual encontrás siempre una respuesta y una pregunta, en una mirada que te señala con su brillo el rumbo y el camino.
Y por suerte la hemos convencido que tenga su propio espacio de escritura.
Permítanse leer esta aventura, el verdadero camino espiritual en esta realidad de todos los días, en Buenos Aires, en esta Argentina, de la mano de Graciela Cúneo.

Su hijo Juan Cruz Cúneo.
El primer alumno.